Histórica despedida para el baile flamenco de Blanca del Rey en los Teatros del Canal

jun 13, 2012

La noche del jueves 7 de junio de 2012 en la Sala Roja de los Teatros del Canal de Madrid, transformada en Corral de la Morería, pasará a la historia del flamenco y danza española como el momento del último vuelo del mantón de Blanca del Rey, despidiéndose la bailarina y coreógrafa cordobesa de la mejor manera que puede hacer alguien como ella: dando paso a interesantes futuros escénicos.

Entre la oscuridad, una luz cenital iluminando el mantón sobre una silla de enea. Aparece Doña Blanca, se sitúa junto a la silla, y en la mirada un minuto concentrando el tiempo. Momento para despedirse de más de seis décadas de arte, toda una vida sobre los escenarios desde los primeros aplausos en el Gran Teatro de Córdoba hasta ese instante, muchas cosas. La difícil decisión reflejada en el momento en el que se quita una peina, porque un ser humano que baila necesita bailar para existir, una bailaora se puede retirar del escenario pero nunca dejará de ser bailaora. Quien a ello se dedica, bien lo sabe, del mismo modo que es imposible de entender para quien no haya decidido dedicar su vida a bailar, no existe manera de explicarlo, es algo similar a una cuestión de fe y destino.

 click sobre las imágenes para ver a mayor tamaño. Fotos: Sergio Nagore

Se produce un silencio cuando Blanca coge el mantón y se marcha del escenario, emoción imposible de contener a no ser que se tenga la cualidad de ser tan elegante y al mismo tiempo se haya pasado gran parte de la vida junto a Don Manuel, aquel que decía que nada es realmente tan importante como parece, pero cuando algo sí lo es, tampoco hay que obsesionarse por ello.

Pero todavía faltaba algo importante, una bailarina siempre va a querer despedirse bailando. Por eso mismo, cuando llevaba escasamente un minuto en el retiro, después de haberse marchado, el mantón debía realizar su último vuelo.

 click sobre las imágenes para ver a mayor tamaño. Fotos: Paco García ‘Pacolega’

Solemne volvió a entrar Blanca en escena, para bailar su propio pensamiento. Un momento tan íntimo como compartido, la voz de la conciencia, las dudas personales y la gloria, el paso del tiempo, silencio y ruido, y ante todo el arte. Comienza el sonido entre prima y bordón de las guitarras por soleá, el mantón sigue volando, el flamenco es un sueño convertido en vida. El último vuelo del mantón, la soleá en el aire, tiempo de seda al compás del arte…

Dicen que pesa veinte kilos, pero con Blanca el mantón es ligero, etéreo al compás del sólido baile de la cordobesa. Dando color a la escena como un pintor en el lienzo, como un poeta en su verso. El tiempo en la memoria, y la esencia del arte.

El último vuelo del mantón tiene más sentido todavía si se realiza dando paso al futuro del baile flamenco. Una selección de interesantes bailarines realizaron sus coreografías durante los momentos previos, comenzando por las alegres alegrías de Adrián Sánchez, joven artista granadino que consigue llenar el escenario. La energía que transmite Belén López, en esta ocasión a través de una bulería por soleá con su propia esencia derivada del tiempo de Carmen Amaya.

Desde Cádiz llegó el arte de Jesús Fernández, su baile fue la caña, literal. Grande su baile de la caña para los escenarios, técnica y sentimiento al más alto nivel. Manuel Liñán por tangos, demostrando por qué es un bailarín y coreógrafo a seguir, más allá aún que estilo propio. Olga Pericet y Marco Flores, juntos para establecer argumentos de originalidad, belleza, y fresco aire para el baile por caracoles. Destacables también los momentos de los músicos, tres guitarristas con la cejilla al tres para unas bulerías con interesantes apuntes del sonido Caño Roto, con Pino Losada, Felipe Maya, y El Muñeco. Bien sonaron los fandangos en el momento protagonizado por los cantaores: Yeyé de Cádiz, Perrete, y Cuquito de Barbate. La percusión de Rafaél Jiménez, imprescindible con su base rítmica.

Hay que recordar que la noche comenzó por el baile de palillos de la veterana pianista y coreógrafa Silvia Duran, recibiendo merecidos oles en su actuación, demostrando haber sido digna y aventajada alumna de maestros como Juanjo Linares, Pedro Azorín, y Victoria Eugenia.

 click sobre las imágenes para ver a mayor tamaño. Fotos: Paco García ‘Pacolega’

Volvemos a la soleá de Blanca del Rey. Solamente una grande como ella puede conseguir lo que sucedió para cerrar una noche para la historia, después de la última interpretación de su soleá del mantón, de recibir una lluvia de claveles junto a una ovación con el público aplaudiendo durante varios minutos. Arrastrar el aire de la cuarta pared desde el primer plano centro rozando el proscenio hasta llevársele más allá del límite escénico del tercer plano derecha, bailando con elegancia estableciendo una línea diagonal de despedida, transmitiendo de tal manera que el público madrileño que llenaba la Sala Roja rompió el silencio para acompañar perfectamente con las palmas a compás de tres por cuatro. Un momento legendario e inolvidable para la historia del flamenco.

Texto: Jacinto González @JaciGonzalez / aireflamenco.com
Fotos: Paco García ‘Pacolega’, Sergio Nagore

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