Cultura del flamenco

Diferencias entre la guitarra flamenca y la clásica

Tiempo de lectura: 4 minutos
Diferencias entre la guitarra flamenca y la clásica

Son diferentes, pero dialogan entre sí. Encontramos muchas semejanzas entre la música clásica y el flamenco: algunos de los instrumentos que se utilizan, sin ir más lejos. También cómo en algún punto de la historia se han nutrido la una de la otra, como sucedió en el llamado nacionalismo musical que protagonizaron Manuel de Falla, Albéniz en su suite ‘Iberia’, Granados o Joaquín Turina, donde en una composición clásica podría entreverse, de pronto, un garrotín.

La principal similitud, sin embargo, radica en las estructuras: una especie de nudo, desarrollo y desenlace. En la danza, las incursiones, a través de los ballets y las compañías, como la de Pilar López, donde tantos y tan buenos se formaron, del Güito a Farruco, Mario Maya y Antonio Gades, han sido extraordinariamente importantes. Y en la guitarra, el espacio que nos ocupa, también.

Algunos guitarristas actuales defienden que la música que más se asemeja al flamenco es la clásica, aludiendo a la proximidad que tienen las falsetas con, por ejemplo, las variaciones barrocas en la forma de plantearse y resolverse.

Pedro Sierra y José Luis Montón, quienes han grabado aventuras tan poderosas como ‘Classica x flamenco’ o ‘Clavileño. Suite clásico-flamenca’, son dos de ellos. Pero ambos, cómo no, caminan sobre la estela que dejaron algunos de los gigantes: Andrés Segovia, el tono de la rondeña de Ramón Montoya, Sabicas y su estilo pulcro y arabesco, Manolo Sanlúcar en el terreno de la sinfonía, Paco de Lucía con el ‘Concierto de Aranjuez’, de Joaquín Rodrigo, en sus muñecas, Tomatito junto al piano de Michel Camilo, Pepe Habichuela indagando entre las rarezas de Ravel y Rafael Riqueni, el ejemplo más urgente de esta hibridación de géneros, cimentaron las bases sobre las que se mueven jóvenes como Pedro Barragán y Rycardo Moreno.

El flamenco, a lo clásico, aporta ritmo y viveza, también cierta agresividad por medio de la técnica: alzapúa, rasgueo, picado… Por otro lado, la contundencia armónica y melódica de lo clásico, además de una intención distinta en sus cadencias y acordes, deja huella en lo jondo.

El flamenco, a lo clásico, aporta ritmo y viveza, también cierta agresividad, como un elemento de expresión que se desata por medio de la técnica: alzapúa, rasgueo, picado… Por otro lado, la contundencia armónica y melódica de lo clásico, además de una intención distinta en sus cadencias y acordes, deja huella en lo jondo.

En el caso de Riqueni, entendemos que ‘Parque de María Luisa’ es un disco puramente ideado desde la música clásica, según ese nacionalismo del que bebe, mientras que ‘Herencia’, el más reciente de sus trabajos, es flamenco, aunque con el sello que él mismo ha creado: inventando acordes que quizá se inspiran en Bach para dar con una farruca personal o en el Niño Ricardo, de quien aprendió sus primeras falsetas, para obtener dibujos arcaicos por bulerías.

Quizá sea la intención la frontera entre una música y otra. Y, para intenciones dispares, instrumentos desiguales.

La construcción del instrumento

Que la guitarra flamenca y la clásica española no son equidistantes parece evidente. Lo demuestra, por ejemplo, Víctor Monge Serranito, un flamenco de Madrid que en tablaos como el Corral de la Morería impuso el toque adelante, y no el mero acompañamiento al cante y al baile, con una guitarra clásica.

Lo hizo en busca de otra sonoridad, más profunda, como siempre ha defendido. Y con esa madera tocó por soleá en el Carnie Hall de Nueva York y en el Queen Elizabeth Hall de Londres, además de en este y otros tablaos donde se formó antes y después de rozar la gloria con sus yemas.

Aunque de soslayo sean prácticamente iguales en su construcción, difieren en pequeños matices: las flamencas tienen la caja más estrecha. Son, habitualmente, más ligeras. Las cuerdas están a menor altura del diapasón, en busca de un aire metálico, rozado. Y, en el interior, si nos asomásemos por la boca o le pidiésemos a un luthier un ejercicio de cirugía, veríamos que la disposición de las barras armónicas también varía.

Las clásicas lo apostarán todo a la limpieza del ‘sustain’, es decir, la vibración de las órdenes, otra forma de llamar a las cuerdas. Mientras que en el varetaje de la bajañí, que así se dice guitarra en caló, entrará en juego la percusión de la tapa, encargada, en ocasiones, de dictar el compás.

Los materiales, como el ciprés, el abeto o el palo santo, también podrían permitirnos diferenciar unas de otras, pero las coincidencias, a menudo, son tan grandes que quizá una síntesis excesiva de los tipos de madera que se emplean no añadiría demasiada luz a este relato, todo lo contrario.

Concluyamos que las flamencas, como decíamos, son algo más ligeras, y sus materiales han ir encaminados en esa dirección. Músicos como Serranito cruzan puentes y nos llevan a confusiones deliciosas.

El flamenco, a lo clásico, aporta ritmo y viveza, también cierta agresividad por medio de la técnica: alzapúa, rasgueo, picado… Por otro lado, la contundencia armónica y melódica de lo clásico, además de una intención distinta en sus cadencias y acordes, deja huella en lo jondo.

Tiempo de lectura: 4 minutos

Posts relacionados

¿Cómo ponemos la flor de flamenca?
Estilos y tipos de cantes flamencos
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.