Entre la realidad y el mito se mueven algunas, pero la mayoría, lo aseguro, son absolutamente ciertas, bien lo sabemos en nuestro tablao, donde se presenciaron muchas de ellas. Este género musical, con siglos de antigüedad y escasa información en determinados períodos históricos, se ha desarrollado con el paso de los años dando lugar a un sinfín de curiosidades. Muchas de ellas, ya lo digo, absolutamente insólitas. Detallamos ocho de las más interesantes, ¿las conoces?
1. Origen desconocido del término ‘flamenco’
¿Cuál es el origen de la palabra flamenco? La respuesta correcta: con certeza, no se sabe. Una de las teorías más extendidas, a pesar de que numerosos estudiosos la hayan desaprobado, es la que recoge Blas Infante en el libro ‘Orígenes del flamenco’. El término, en este caso, vendría de ‘Felah-mengus’, que en árabe significa «campesino errante». Otros vinculan la palabra a la relación con la antigua Flandes. Y unos pocos (esto es quizá lo más delirante), con un cuchillo.
Los intérpretes tradicionales de esta música no eran profesionales, sino que tenían otros oficios para ganarse el pan. Tío Luis el de la Juliana, considerado el primer cantaor de la historia, era aguador
También, como Demófilo, están los que piensan que así llamaban los gachós a los gitanos: flamencos, sin mencionar exactamente el origen, y así se quedó. Cómo no, hemos de añadir a los que entienden que procede del argot empleado a finales del siglo XVIII y principios del XIX a la hora de referirse a todo lo que significaba ostentoso, pretencioso o fanfarrón. Nada se ha aclarado.
2. Sus grandes creadores, no profesionales
Los intérpretes tradicionales de esta música no eran profesionales, sino que tenían otros oficios para ganarse el pan (la profesionalización que se produjo con el auge de los tablaos, de los que El Corral fue pionero, no tiene parangón en la historia). El flamenco, digamos, no estaba bien visto antes de que estandartes como Silverio Franconetti, en primer lugar, Antonio Chacón y La Niña de los Peines, mucho después, lo sacaran adelante. Así, Tío Luis de la Juliana, considerado el primer cantaor de todos los tiempos, era aguador. Y tras él se abre una amplia nómina de artistas de enorme influencia que jamás se dedicaron al cante. O que no vivieron en exclusiva de ello. Es decir, se dedicaban a otras labores.
Vendían zapatos y los arreglaban. Hubo tratantes, taberneros, areneros, fragüeros, como los Pelao, pescaderos, como los Zambo, jornaleros, empresarios… pero pocos profesionales entre los artistas históricos que recoge Demófilo: El Fillo, El Planeta, Frasco El Colorao…
3. Bebe de más de diez estilos musicales diferentes
Tiene algo de música sefardí y de pueblo gitano en su raíz. También de lo castellano, y así se refleja en muchas de sus letras, y del folclore andaluz, con el que en ocasiones llega a confundirse. Los sonidos latinos, como el guaguancó, se colaron por él a través de la rumba y otros estilos de ida y vuelta, o fueron absorbidos, mejor. También la música popular gallega y asturiana, como resulta en el caso de la farruca, la montañesa y la praviana. Cómo no, África, en toda su extensión y en lo puramente rítmico, goza de presencia en sus bases. Los cantes de labores del campo… Todo.

Aquella amalgama terminó por definir un cante que nunca está del todo definido, y que después de originarse, por así decirlo, siguió encontrándose con otras corrientes y estilos: el bolero, el jazz, el blues, el rock, la electrónica… El flamenco toma posesión y convierte lo que toca.
4. Se programa en todos los teatros de Nueva York
Cada espacio de la Gran Manzana (Town Hall, Carnie Hall, New York City Center, Lincoln Center, Baryshnikov Arts Center…) tiene una línea de programación diferente y un público que busca determinadas propuestas, desde las más tradicionales a las más vanguardistas. Si durante siglos el carácter étnico fue lo que más atrajo en la otra orilla, aunque ejemplos como el de Sabicas demuestran lo contrario, desde hace décadas la riqueza del flamenco tiene cabida en todos los coliseos de la ciudad estadounidense. Es una de las pocas artes vivas que abarca tanto espacio, pues gusta tanto a los puristas como a los más contemporáneos. Tiene prismas infinitos desde los que interpretarse.
5. Sufrió el rechazo de los intelectuales
La Generación del 98, a excepción de los hermanos Machado y Álvarez Quintero, cultivaron el antiflamenquismo: relacionar la existencia de esta música, englobada dentro del toreo y otras costumbres populares andaluzas, con la decadencia del país. Eugenio Noel fue el principal artífice. ¡Nos acusaron de todos los males patrios: pérdida de valores, asentía laboral, exceso en fiestas y primitivismo! Lo peor de Europa.

6. Un arte, más tarde, de intelectuales
Después llegó la generación que supo admirarlo, incluso que lo tomó como fuente inagotable de inspiración: la del 27. Destacamos, sobre todo, a Lorca y Alberti. Pero hemos de mencionar a Fernando Villalón, Edgar Neville y otras autoridades como Picasso o Hemingway. Llegaría Caballero Bonald y Félix Grande. García Márquez, Miquel Barceló y una extensa pléyade de intelectuales que hoy se siguen viendo atraídos por esta cultura.

Estrellas de Hollywood, iconos de la música internacional y personalidades destacadas de distintas disciplinas han reconocido su pasión por el flamenco: Ravel y Miles Davis, quien lo descubrió en un tablao en Barcelona; el actor Lee Van Cleef y el boxeador Ali, quienes visitaron El Corral de la Morería; y Bruce Springsteen, que tiene toda la discografía de José Mercé en casa, son algunos de ellos.
7. Guitarristas que tocan de oído
Paco de Lucía, el máximo referente de la sonanta, no sabía leer música en el pentagrama, motivo por el cual hubo de estudiarse de memoria el ‘Concierto de Aranjuez’ al completo antes de tocarlo, como más tarde ha hecho uno de sus discípulos aventajados y con nombre propio: Tomatito.

La tradición oral tiene un peso trascendental que marca hasta los tuétanos la formación de sus intérpretes. Son maestros. Algunos, genios. Pero en su tradición, sobre todo en la de antaño, no estaba el estudiar partituras, por lo que desarrollaron sus carreras en unas condiciones que únicamente se dan en el flamenco. Un arte complejo que se escapa a menudo de los papeles. De ahí quizá la confusión: muchos creen que todo se improvisa, pero no, está en la memoria del oído.
Hoy, sin embargo, la situación ha cambiado y son muchos los que se preocupan por formarse en este aspecto. El propio Tomatito lo sugiere: «Ojalá yo lo hubiera aprendido de niño. Tendría muchos menos problemas a la hora de trabajar con Michel Camilo».
8. Los motes: hervidero de elocuencia
El propio tejido en el que se cristaliza el flamenco, tan lleno de elocuencia y gracia popular, ha dado como resultado numerosos sobrenombres hilarantes. Gordito de Triana era un hombre de extrema delgadez. La Contrahecha, icono del destape en los 70, una auténtica belleza. En el cante, los mariscos (Camarón, El Cigala…) son máximas figuras. Hay insultos que no lo son, como el del Capullo de Jerez, llamado así en referencia a la flor que no se ha abierto. Mientras que otros quizá sí: el Loco Mateo, La Chunga… Y unos pocos, finalmente, podemos tomarlos como meramente descriptivos: Enrique El Cojo, Chocolate, Luis El Elegante, El Guapo de Jerez… De todo hay donde reina la guasa.