Son muchos y variados. En su conjunto, visto con perspectiva, hablan de la riqueza temática, armónica y rítmica del género jondo. Por nuestro tablao, El Corral de la Morería, un emporio flamenco en Madrid, los hemos visto pasar todos. ¿Conoces los palos del flamenco y sabes distinguirlos?
Se diferencian unos de otros por sus conceptos armónicos, rítmica, compás en el que se cuadran, estrofas, temática de sus letras, origen y, por supuesto, melodía. Por tanto, pongamos, una seguirilla tradicional se diferencia de otro palo por todos estos atributos, no por uno solo.
A continuación, enumeramos los principales palos del flamenco y los grupos en los que se encuentran cada uno de ellos por su parentesco.
Se diferencian unos de otros por sus conceptos armónicos, rítmica, compás en el que se cuadran, estrofas, temática de sus letras, origen y, por supuesto, melodía
Bulerías, jaleos, romances y alboreás
Si todo partió de la danza, de la reunión, de lo festivo, estos, los jaleos, enraizados con el folclore, son muy remotos. Las bulerías tienen compás de amalgama de tres por cuatro, son el más popular de todos los palos y se han cultivado especialmente en Jerez, Cádiz, Lebrija y Utrera. En estas dos últimas poblaciones, tiene importancia la bulería aromanzá.
La alboreá, por su parte, se interpreta en la cultura gitana en las bodas.
Soleá por bulería, soleá, polo y caña
Lo anterior se ralentiza, entra en juego una expresión visceral y pausada y entramos en el terreno de la soleá. El mismo compás, pero con diferente tempo y acentuación. ¡Diferente sentido! La estrofa, muy empleada en el flamenco y en la cultura andaluza, es de tres o cuatro versos octosílabos. También tiene el nombre de soleá. El polo y la caña, que encierran unas escalas muy características que se reiteran, se cuadran en una base similar.
Seguirillas, cabales, serrana y liviana
La seguirilla es el más dramático de los palos flamencos. Expresa el máximo dolor, de ahí que sus letras se sobrecarguen de ayeos y que la temática gire habitualmente en torno a la muerte. Como remate, se suelen emplear las cabales, una seguirillas musicalizas, en tonos mayores, que rara vez aparecen solas.

El compás también es de amalgama, idéntico a la soleá, pero a la inversa, combinando el tres por cuatro con el seis por ocho. De tercios (versos melódicos) sutiles y prolongados, la liviana y la serrana se asemejan al polo y la caña, pero dentro de este compás. Sus subidas y bajadas son también muy características. La estrofa es de seguidilla: «A la orilla de un río/yo me voy solo/y aumento la corriente/de los que lloro».
Tonás: martinete, debla, carcelera
Son las tonás estilos a palo seco. Es decir, aquellos que no llevan acompañamiento de guitarra, solo la voz o, si acaso, el yunque, para los estilos vinculados a las fraguas, como el martinete. La saeta flamenca, y la carcela, con una arquitectura musical mucho más efectista y musicalizada, son algunos tipos de tonás, que son muy numerosas. Una de las más populares la grabó Tomás Pavón: la debla, cuyo origen se difumina por Triana.
Cantes de laboreo
Son los cantes, como las trillas y las temporeras, que se ejecutan durante el trabajo en el campo. Juanito Valderrama y Bernardo de los Lobitos fueron maestros de ellos. Las zonas rurales de Córdoba, Jaén y Granada, también de Castilla, les dieron forma.
Cantiñas, alegrías, romera, mirabrás y caracoles
Dentro del grupo de las cantiñas nos encontramos con las cantiñas propiamente dichas, las de Pinini serían un ejemplo, o las de cantiñas de la Rosa; las alegrías, aquellas que empiezan por el ‘Tirititrán’ y han soslayado al resto; el mirabrás, vinculado a los pregones; los caracoles, una cantiña que se creó en Cádiz y que Antonio Chacón elevó y popularizó por Madrid; y la romera, algo en desuso, de tercios bravos.

Se interpretan en tono mayor y poseen un tamiz jocoso, alegre. Su origen, de hecho, está en lo bailable.
Tientos, tangos y tanguillos
El compás de cuatro tiempos es el rasgo más característico de los tangos. De carácter rítmico, herencia de la cultura que viajan por los mares, al ralentizarse se convierten en tientos. Sus versos son octosílabos.
El tanguillo, por su parte, propio de la provincia de Cádiz, tiene un carácter mucho más vivaracho. Tiende, también, a la historieta y a lo gracioso. Se construyen sobre una polirrítmia. Es decir, tres compases: el 6/8, el 3/4 y el 2×4, que dan lugar a un aparentemente sencillo contratiempo continuado.
Zapateado
En la misma polirrítmia del tanguillo se asienta el zapateado, un palo que queda exclusivamente para el baile, donde la percusión de pies es su verdadera seña de identidad, y la guitarra. En el toque se han compuesto verdaderos emblemas. Un caso particular es el del maestro Sabicas.
Fandango
Su estrofa, una quintilla: cinco versos octosílabos con rima que narran un breve relato que suele resolverse al final. Y de él se originan otros muchos palos, como la taranta, la malagueña y la granaína. Puede ir libre de compás, ese es el caso de los fandangos naturales, o con compás de tres tiempos, en el que se acetúa el primero, como es el caso de los fandangos de Huelva.
Su origen, como el de muchos otros palos, está en las danzas del pueblo. Existen también fandangos abandolaos y personales, esos que crea cada intérprete. En Extremadura, Almería, Granada, Málaga, Córdoba y otras provincias.
Malagueña
Las tiranas y los fandangos boleros se encuentran en la base de la malagueña, que sufrió un proceso de aflamencamiento. De aire lírico y letra dramática, tiene compás libre (en un principio, como prueban las grabaciones de Juan Breva, era abandolao) y una melodía que varía sutilmente en función de la variante: Antonio Chacón, El Canario, La Peñaranda, La Trini, Gayarrito…
Granaína
Fandango granadino, del Albaicín, de la Peza, de Rondar, entre otras localizaciones, estilizado y con tendencia a los melismas.
Abandolaos: rondeña, jabera, jabegote, verdiales
Fandangos de la provincia de Málaga, con diferentes orígenes y melodías. Algunos, como el jabegote, se asocian a la embarcación del mismo nombre, donde se originó.
Cantes de Levante
Dentro de este grupo se encuadran los palos de la zona del Levante español, de compás libre y, en muchos casos, vinculados a la minería, donde florecieron en la aspereza del trabajo. La taranta es el más popular de todos, tanto que suele emplearse como genérico. También son frecuentes en el repertorio de los cantaores las mineras, el taranto, cartageneras, levanticas y murcianas. El Festival de La Unión ha hecho una labor de difusión de todos estos palos, que cada uno tiene una singularidad. Los valientes arcos melódicos de la levantica, por ejemplo, la hacen sumamente reconocible.

Cantes de ida y vuelta
Aquí se agrupan los cantes que nacen del contacto con la otra orilla del Atlántico, de donde se obtiene una rítmica viva, exotismos en el vocabulario, melodías folclóricas de allá y letras en las que se encuentran ambas culturas. La milonga y la vidalita, tan sentimentales, son dos de ellas. Las más conocidas, sin embargo, son la guajira, la colombiana, creación de Pepe Marchena y, cómo no, la rumba, que de Cuba viajó por todo el mundo y se hizo flamenca en la península.
Petenera
Los lamentos judíos, los romances, que a su vez beben de lo americano, permiten la petenera que conocemos hoy, oscura, asociada por algunos a la mala suerte y que rezuma viejas maldiciones. Se esculpió entre las voces del Niño de Medina, la Niña de los Peines y Fosforito, entre otros. Si bien, son muchos más los que la han grabado.
Mariana
Cante con su origen en la trashumancia. El compás es del tiento, pero con tendencia a zambra, otro palo flamenco, el cual proviene de las cuevas granadinas, en su cadencia.
Garrotín y farruca
Provienen del folclore gallego. Como los anteriores, aunque cantaores como la Niña de los Peines, José Menese y algunos más recientes como Rocío Márquez incluyesen ambos en su repertorio, permanecen algo en desuso. Su compás es el del tango lento. La melodía y los estribillos, en el caso del garrotín, les define.

Nanas
Canciones de cuna que se aflamencaron y que han grabado, entre otros, Bernardo de los Lobitos, Pepe de la Matrona, Camarón e Inés Bacán.
Sevillanas
Principal manifestación del folclore bailable de Sevilla que desciende de la seguidilla, de ahí las letras, que se estructuran en esa estrofa. Hoy se interpretan en cuatro cuerpos llamados palos. Antes, en tres. Su compás es ternario. Toda una industria gira alrededor de ellas.
De reciente creación: bambera, galeras y canastera
Son estos los únicos palos flamencos que se han creado y desarrollado en el siglo XX. Primero Pastora Pavón, basándose en los cánticos de columpio, dio lugar a la bambera. Después, Camarón junto a Paco de Lucía, sobre la base del fandango, dieron con la canastera. El Lebrijano, sobre la bulería de eco gitano, encontró las galeras.