La bulería es el palo por excelencia de la fiesta, dado su carácter rítmico, que suele acompañarse, además de la guitarra, con palmas. Esto, sin embargo, no evita que muchas de sus letras sean trágicas. Alborozo y dramatismo se reúnen alrededor de este cante de festejo.
Su compás, de doce tiempos, es de amalgama. Como la soleá, pero mucho más veloz y con diferentes acentuaciones. Jerez de la Frontera es uno de los grandes emporios de la bulería: donde se hacen letras cortas. Otro aire tienen las de Utrera y Lebrija, con aires similares al romance. Más pausado. Las más jocosas son las de Cádiz, que en el baile suelen servir de remate de las alegrías. Parece evidente señalar que su origen está en las reuniones.
Dentro de este compás, además, se han cuadrado todo tipo de textos, de ahí que sean habituales en el flamenco las coplas por bulerías, incluso canciones latinoamericanas o poemas de reciente creación. Pioneros en esto fue la Niña de los Peines y Manuel Vallejo, entre otros muchos artistas. Este último, con el ‘Pregón del frutero’ grabó todo un hito para esta música con la guitarra de Manolo de Huelva, colocando una piedra definitiva en la cuadratura de este cante.
Si a principios de siglo XX el palo más popular fue el fandango. Desde hace décadas, se ha impuesto la bulería como uno de los imprescindibles.