Tango

De origen afrocubano, el tango flamenco es junto a la bulería el estilo festivo por excelencia. Su rítmica, ese popular «Un, dos, tres y…» en el que se reitera, nos conecta con otros continentes: África y América. Y se han cultivado de forma bien distinta en Extremadura, Sevilla, Granada, Cádiz o Málaga, entre otros emporios artísticos, dando lugar a un amplio abanico en el que se producen variaciones en la melodía y el tempo. Relacionados con el tango hay multitud de palos: la mariana, la farruca, el garrotín y, sobre todo, el tiento, fruto de la ralentización del tango que se produce en Cádiz.

Las casas de gitanos que los interpretan en la Plaza Alta de Badajoz echan hacia atrás el compás, otorgándole peso. En Granada, vinculados también a las zambras y estilos folclóricos como la mosca, el petate, etc., tienen aires orientales incluso en la guitarra. En Triana son especialmente jocosos, y sus danzas son la expresión del cortejo. Y en Málaga, los tangos del Piyayo se expresan a través de letras a menudo irónicas, o simpáticas, con unos característicos ayeos y una velocidad que lo asocia de nuevo al tiento. También están muy extendidos los tangos de La Repompa.

Pastora Pavón, otra de las más reinterpretadas junto a La Perla de Cádiz y otras cantaoras más contemporáneas como Remedios Amaya y Juana la del Revuelo, debe su mote a una estrofa por tangos que cantaba de niña: «Péinate con mis peines que mis peines son de azúcar, quien con mis peines se peina, hasta los dedos se chupa»

Manuel Torre, Manuel Vallejo, Isabelita de Jerez, El Cojo de Huelva y otros muchos ofrecieron grabaciones históricas dada su antigüedad.

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