La liviana, la serrana y la seguirilla son cantes hermanos. De hecho, la arquitectura musical tradicional ha utilizado la liviana como introducción de la serrana. Y la seguirilla, en especial el afamado remate de María Borrico («Señor cirujanito/desengáñeme usted/si estos tres niños se quedan sin su padre/lo quiero saber»), como macho de la serrana. Es decir, de cierre.
Como su propio nombre indica, la liviana es un palo esencialmente de introducción. De aire liviano. Con un fraseo corto y sencillo, que busca más la expresión que el lucimiento, la conexión del intérprete con el cante en la antesala de hacia algo más bravo.
Algunos de los maestros de este palo fueron Antonio Mairena y Fosforito, quien tanto la cultivó. Antes que ellos las grabó Pepe de la Matrona, allá por los 50. También podemos escuchar versiones de Antonio El Chaqueta, José Menese, Jose de la Tomasa y multitud de cantaores. En la actualidad, son muchos los que han grabado la liviana en disco o la llevan en su repertorio en vivo: Miguel Poveda, Argentina, Arcángel… Nunca ha sido un palo de gran popularidad, pero sigue lejos de caer en el olvido.