Seguirilla

La flamencología permite escribirla tanto con ‘ll’ como con ‘y’. Es, sin duda, el más dramático de todos los palos del flamenco. Sus letras, escritas en la estrofa de la seguidilla castellana, hacen referencia a la muerte. Su compás, de amalgama, alterna el 3/4  con uno de 6/8. Y exige, por lo general, grandes cualidades por parte del intérprete, que habrá de expresar a través de ella el dolor por la pérdida. La plañidera, de hecho, está relacionada en su origen.

Suele rematarse por cabales, una seguirilla de cambio, es decir, en tonos mayores, más musicalizada. Y existen diferentes estilos tanto en Triana como en Jerez, Cádiz y Los Puertos, los territorios en los que se fraguaron.  

Entre los grandes seguirilleros del siglo XIX están Manuel Molina, Loco Mateo, El Marrurro, Paco la Luz, Joaquín Lacherna, Tomás El Nitri, El Fillo, Curro Durse, Juan Junquera, Frasco El Colorao, Cagancho y Silverio Franconetti, entre otros muchos. Más adelante, Manuel Torre, Antonio Mairena, los Agujetas y otros cantaores como Chocolate hicieron de la seguirilla su gran bastión. 

En la actualidad, a pesar de que nunca hayan gozado de gran popularidad entre los públicos masivos dada su complejidad y aspereza, siguen siendo uno de los cantes esenciales en el repertorio de todos los intérpretes del cante, la guitarra y el baile, donde los pies tienen gran protagonismo.

 

 

 

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Seguirilla
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