Sus antepasados pertenecen a Cuba, por eso encuadramos la rumba dentro de los cantes de ida y vuelta, como la guajira y la vidalita, por ejemplo. Tiene un fuerte carácter rítmico (hemos de tener en cuenta que es pariente lejana del guaguancó, la guaracha y el papalote), y por eso se ha convertido en uno de los palos más populares del flamenco. Porque es bailable.
El pueblo danza con soltura sobre su sencilla métrica. Una vez que se domina, cualquier letra podría cuadrarse por rumbas con un artista profesional al frente. Además, territorios como Andalucía, Barcelona y Madrid, en concreto el barrio de Caño Roto, la acuñaron de especial forma, encontrándose esta con tendencias que van del folclore al jazz, pop y rock. De ahí también su riqueza en el presente.
Estamos ante un tango flamenco con la rítmica desdoblada. Vivaracho, de aire canalla. Bambino y Peret fueron dos de sus artífices, pero ya Manuel Vallejo, Isabelita de Jerez y El Cojo de Huelva las grabaron hace un siglo. Antes que estos, la aportación de La Chelito, Rosario Soler y María la Cubana, quienes fueron sus precursoras en los cafés cantantes, fue definitiva.