Este palo del flamenco, enraizado con el folclore popular y el pueblo gitano, que tanto lo cultivó, está en las bases de otros como las bulerías y las cantiñas, influyendo también en la soleá. Su importancia, por tanto, parece vital a la hora de definir el género musical con el que nos encontramos hoy.
Extremadura, en este sentido, es la cuna del cante por jaleos, más cercano a la bulería corta en su compás, de aire pausado, aunque con variaciones en las acentuaciones rítmicas. Es un estilo, por tanto, inminentemente festero. Desarrollado, sobre todo, en emporios artísticos como la Plaza Alta de Badajoz.
Algunos de sus intérpretes más notables han sido Porrina de Badajoz, La Marelu, Juan Cantero y, más recientemente, Guadiana, La Caíta y Remedios Amaya. También Juanito Villar y cantaores más jóvenes como Segundo Falcón popularizaron los jaleos al llevarlos como eje vertebrador de sus respectivos repertorios.
El toque de Miguel Vargas, finalmente, lo convierte en uno de los fundadores de las formas guitarrísticas que se siguen hoy. No se ha de confundir el palo con los gritos y voces con los que los palmeros arropan a los artistas que acompañan, ya que reciben el mismo nombre: jaleos.