El folclore andaluz tiene una enorme riqueza. Los verdiales, propios de algunos municipios de la provincia de Málaga, como Comares y Almogía, son una muestra de ellos. Se cantan, habitualmente, en fiestas populares, como romerías, por ejemplo, la de la Virgen de los Dolores, que tantas devociones despierta.
Aunque tradicionalmente es el pueblo el que ha cultivado estos cantes y bailes en pareja que derivan del fandango y que tienen compás abandolao, a veces en coro y a veces de forma individual, con guitarras y otros instrumentos como el violín y el almirez, también algunos artistas profesionales se han inclinado por ellos a la hora de grabarlos e interpretarlos en directo. Este es el caso de Antonia Contreras, quien porta la prestigiosa Lámpara Minera. Nunca faltan los verdiales en sus recitales.
El traje de los verdialeros presume de adornos florales, sombreros y cintas de colores. Tenemos constancia de ellos, al menos, desde la segunda mitad del siglo XIX. Y algunos cantaores históricos, como Juan Breva, El Cojo de Málaga y, más recientemente, Fosforito y Carmen Linares, lo que evidencia la vinculación de este folclore con el género jondo, que le aporta un matiz expresivo y personal.