Como la caña, este es uno de los palos más arcaicos del género jondo, que ayuda además a la configuración de otros estilos. Aunque su origen esté en la música española del siglo XVIII, las primeras referencias que lo vinculan al cante las encontramos en El Planeta, considerado uno de sus mayores exponentes. Tobalo, Silverio, Paquirri, Antonio Chacón, Pepe Marchena, Antonio Mairena, El Gallina y Fosforito han sido algunos de sus intérpretes más destacados.
La entrada de Perico el del Lunar con la guitarra, en la grabación junto a Pepe de la Matrona, ha quedado como canónica. Y ese aspecto es la primera diferencia que encontramos con respecto a la caña. El polo habitualmente se introduce con esa falseta y carece de salida; entra directamente la primera letra. Después, las escalas que reiteran como coletillas de las estrofas, también difieren entre el polo y la caña. Las subidas y bajadas de la melodía difieren. El polo, por decirlo de algún modo, se eleva antes.
En cuanto a la tonalidad, recae sobre el sexto grado del modo flamenco, esto es, do mayor, y el cuarto, la menor, así como el tercero, el sol mayor. Otro valor diferencial con respecto a la caña. El compás sí es el mismo: el de la soleá. Enrique Morente, creando de aquí y de allá, inventó la policaña.